lunes, 20 de mayo de 2013

Breve reseña historica fotografía en Venezuela


Páez - Federico Lessmann




Siglo XIX

Desde 1840 hasta principios del siglo XX, ocurren los cambios más significativos en cuanto a la evolución de la técnica fotográfica en el mundo y por ende en relación con sus usos: se cambian los soportes, se disminuyen los tiempos de exposición, se logra sacar copias de un mismo original y se obtienen cámaras de pequeñas dimensiones, baratas y con lentes de gran potencia, que permiten la movilidad total del fotógrafo.

En Venezuela, este tránsito está marcado por la llegada y uso, primero, del daguerrotipo y luego por una cantidad indeterminada de variantes de éste que se anunciaban como los más grandes adelantos del momento. En julio de 1839 llegan al país las primeras noticias del invento. El primer daguerrotipo arriba a Venezuela en febrero de 1840 y el 7 de diciembre de ese mismo año, Antonio Damirón, impresor de origen francés residenciado en Caracas, intenta traer un equipo de daguerrotipia, el cual se extravía en la aduana de La Guaira.

En 1841, el viajero Francisco Goñiz toma los primeros daguerrotipos en el país y apenas se marcha, otro viajero, José Salvá, lo sustituye; éste vende sus artefactos a José Antonio o J. Vicente González (se anuncia con ambos nombres), quien posiblemente sea el primer fotógrafo venezolano. Para 1852, en Caracas, Basilio Constantin y Gabriel Aramburu ofrecen realizar fotografías sobre papel. Ya son numerosos los fotógrafos que hacen retratos en estudio y en oposición, escasos los que fotografían el paisaje, debido sobre todo a las dificultades técnicas que confrontaban. En esta última temática, resaltan el húngaro Pál Rosti quien hace en 1857 unas interesantes e inolvidables tomas, con la técnica del colodión húmedo, de Caracas y el interior del país; Federico Lessmann, litógrafo alemán residenciado en el país, que realiza una importante colección de paisajes y retratos a partir de los años 1860. Algunos pintores, entre ellos Martín Tovar y Tovar, también exploran en esta época la técnica fotográfica. Un hecho a resaltar en la fotografía venezolana del siglo XIX, es la temprana participación de fotógrafos en las exposiciones de Bellas Artes.

En 1872, para la llamada Primera Exhibición de las Bellas Artes, celebrada en el Café del Ávila y organizada por el inglés James Mudie Spence, a solicitud de sus amigos venezolanos, 2 fotógrafos de Caracas participaron con su producción: Próspero Rey y José Antonio Salas. Este último había trabajado junto al pintor Martín Tovar y Tovar en la Fotografía Artística, uno de los primeros estudios fotográficos de la capital en la década de 1860. Salas (quien era médico de profesión y padre luego del pintor Tito Salas) participa también en la Exposición Nacional organizada en 1883 en Caracas con motivo de la celebración del primer centenario del nacimiento del Libertador Simón Bolívar; en esta segunda oportunidad participó junto a su entonces socio, el dibujante Gerónimo Martínez Sánchez. Una muestra más de la importancia concedida a la fotografía en estas últimas exposiciones, gracias a la Compañía Inglesa del ferrocarril de Caracas-La Guaira, inaugurado en 1883, es la presencia de fotos murales con vistas de Londres. El año 1889 supone un hito en la fotografía venezolana, ya que el 31 de marzo, El Zulia Ilustrado publica las primeras imágenes fotográficas en la prensa nacional de que se tenga noticia, gracias al procedimiento del fotograbado, aunque los clichés se procesaban en Nueva York. El Cojo Ilustrado, de Caracas, a partir de 1892, recoge las imágenes producidas por fotógrafos venezolanos como es el caso de Federico Carlos Lessmann (hijo de Federico Lessmann) y sobre todo, del más importante entre los fotógrafos de esa época: Henrique Avril. Este último recorre con su esposa, María de Lourdes Ugueto, una de las primeras fotógrafas venezolanas, el interior del país, retrata paisajes, escenas, formas de vida y el drama de la Revolución Libertadora (1901-1903). Un aspecto interesante es que, a pesar de las guerrillas constantes, no se hace formalmente una fotografía de los combates propiamente dichos o al menos, si se hizo, no se conoce. J.D.

Siglo XX


En las primeras décadas del siglo XX, el retrato de estudio se mantiene como género fotográfico hegemónico. Tanto los venezolanos de la más alta burguesía como los pertenecientes a las clases populares frecuentan los estudios fotográficos con el fin de perennizar su imagen a través de la cámara, siendo de los más conocidos los de los fotógrafos Pedro Ignacio Manrique o Servio Tulio Baralt en Caracas; el de Manuel Trujillo Durán en Maracaibo o el de Eugenio Rojas Camacho en Ciudad Bolívar. La mayor parte de estos retratos de estudio, estilísticamente, se rigen por un canon estereotipado: los sujetos asumen posturas convencionales, rígidas y poco naturales en las que difícilmente aflora la personalidad del fotografiado. Es Pedro Ignacio Manrique uno de los fotógrafos que introduce en el género retratístico elementos propios de la estética pictoricista importados de la fotografía finisecular europea, como el de retratar personajes en situaciones teatrales o el de utilizar alegorías e imágenes simbólicas inusuales en la fotografía venezolana del período.

Paralelamente a esta fotografía de estudio la industria fotográfica inicia su proceso de masificación: la Kodak anuncia en la prensa y revistas de la época su cada vez más sencilla y económica cámara; la fotografía empieza a estar presente en cada fiesta familiar o acto social. A pesar de la presencia hegemónica del retrato, otros géneros como el paisaje o la documentación de monumentos arquitectónicos se sigue trabajando, algunas veces bajo el amparo de los encargos oficiales, como es el caso del registro de las iglesias y edificios públicos de Caracas que realiza Servio Tulio Baralt con motivo del Centenario de la Independencia (Álbum del Centenario, 1911). Asimismo fotógrafos viajeros, esta vez representando a las nuevas agencias fotográficas de Europa o Estados Unidos como la Underwood & Underwood, llegan al país para captar escenas costumbristas o simplemente bellos paisajes naturales con el fin de vender estas imágenes a publicaciones extranjeras.

El gobierno de Juan Vicente Gómez explota al máximo las potencialidades propagandísticas y comunicacionales de la fotografía para publicitar y afianzar su régimen. A través del Ministerio de Obras Públicas contrata por cada estado del país a un grupo de fotógrafos que documentará las nuevas edificaciones, etc., con el fin de dar la imagen de una nación en pleno proceso de modernización. Una importante documentación sobre los actos oficiales del gomecismo, la vida social de la burguesía, el proceso de modernidad de Caracas y su transformación urbana y arquitectónica la tenemos en la vasta obra de Luis Felipe Toro, «Torito», fotógrafo oficial del régimen. Luego de la muerte de Gómez y producto de la incipiente apertura democrática, comienza a formarse una nueva generación de fotógrafos dentro del género del foto reporterismo, quienes publican sus imágenes de los acontecimientos cotidianos en los principales diarios y revistas de la década de 1930 y en especial de 1940 llevando implícitamente en ellas alguna crítica social; entre fotorreporteros se destacan Juan Avilán (Ahora) y luego Edmundo «Gordo» Pérez (El Heraldo, La Esfera, El Universal y, posteriormente, El Nacional), Rafael Hueck Condado, Juan Martínez Pozueta, considerados los precursores del foto reporterismo con sentido moderno en Venezuela.

Resultado mismo del proceso de modernización del país, del contacto de los jóvenes creadores venezolanos con el ambiente artístico de las grandes metrópolis, comienzan a realizarse en Venezuela las primeras exposiciones fotográficas amparadas bajo el concepto de lo artístico. La primera de ellas organizada en el Ateneo de Caracas el año de 1934 bajo el nombre de I Salón de Aficionados al Arte Fotográfico. Alfredo Boulton y Ricardo Razetti se alejan de la óptica meramente documental que había prevalecido hasta entonces en la fotografía venezolana y tratan de hacer del oficio fotográfico una expresión de arte, retomando y reinterpretando bajo sus personales visiones, la estética de los nuevos lenguajes de la vanguardia fotográfica internacional con temas y asuntos nacionales.

En 1938, Boulton expone fotografías de desnudos en el Ateneo de Caracas, siendo ésta la primera exposición individual de fotografía artística que se realiza en Venezuela. Con otra muestra personal de la obra de Boulton en el Museo de Bellas Artes, la fotografía de arte entra a los recintos museísticos del país. Asimismo este fotógrafo inaugura la publicación de libros sobre autores fotográficos en Venezuela con Imágenes del Occidente Venezolano (1940) y La Margarita (1952).

Ricardo Razetti, se forma como fotógrafo en México en los primeros años de la década de 1940 y trabaja junto a los reconocidos fotógrafos mexicanos Manuel y Lola Álvarez Bravo. Crea en 1949 el Servicio de Cine y Fotografía del Ministerio de Educación, donde organiza uno de los bancos de imágenes del país para esa fecha. Carlos Herrera, contemporáneo de Razetti y Boulton, se forma como fotógrafo en Estados Unidos durante la década de 1930, retrata el paisaje caraqueño, el cerro Ávila y la cordillera costeña con un punto de vista y un sentido de la espacialidad pictóricos afín a la de los pintores de la Escuela de Caracas.

El año de 1952, el Museo de Bellas Artes de Caracas le organiza su primera muestra individual de fotografías. En 1958 crea la cátedra de Fotografía Artística de la Escuela de Artes Plásticas de Caracas. Fina Gómez, quien ha vivido en París la mayor parte de su vida, pertenece a esta generación de modernistas. Retrata bajo una óptica formalista detalles del paisaje costeño venezolano además que incursiona en el género retratístico con sus cuidados y estilizados retratos de mujeres los cuales aparecen publicados en sus obras Raíces y Fotografías (1954).

En los años 1950, son las revistas las que publican y difunden la fotografía artística de la década, fundamentalmente documental, altamente formalista y que se interesa en plasmar imágenes de costumbres o del paisaje venezolano con un alto contenido nacionalista. Entre estas revistas destacan Shell, El Farol, editadas por las compañías petroleras, y Cruz del Sur. Particularmente la revista Shell dedica un espacio fijo exclusivamente al arte fotográfico. El fotógrafo y arquitecto Graziano Gasparini, de origen italiano, ilustra con sus fotografías de arquitectura colonial venezolana, sus investigaciones históricas. El fotógrafo colombiano Leo Matiz publica sus imágenes costumbristas, asimismo Petre Maxim, de origen húngaro, quien más tarde se dedica a la reproducción de obras de arte. En la revista Cruz del Sur se publican reportajes fotográficos de contenido social de los fotógrafos Sara Guardia y Paolo Gasparini quien llega a Venezuela procedente de Italia en 1954. Debido a la censura de prensa propia de la dictadura perezjimenista, foto reporterismo que había cobrado auge en la década anterior ve limitado su campo de acción. Aun así destacan algunos fotógrafos como Jaime Albánez y sus imágenes de las nuevas figuras del cine y la televisión venezolana. Durante la década de 1960 la revista El Farol reproduce las imágenes de nuevos fotógrafos venezolanos como Sebastián Garrido, José Garrido, José Sígala y Bárbara Brändli quien llega a Venezuela en 1950 procedente de Suiza y quien realizará años después una importante documentación sobre los indígenas del Amazonas. Dentro del grupo del «Techo de la Ballena», el artista y fotógrafo Daniel González muestra sus imágenes politizadas y sarcásticas junto a los textos de Adriano González León en el libro Asfalto-Infierno. A partir de esta década y durante todos los años de 1970 la fotografía venezolana se vuelva hacia el documentalismo social. Paolo Gasparini publica en México el año 1972 Para verte mejor América Latina libro de fotografía de amplia difusión continental y que constituye un hito de gran influencia en toda una generación de fotógrafos latinoamericanos.

En esta década los fotógrafos Luis Brito, Jorge Val, Ricardo Armas, Alexis Pérez Luna, Fermín Valladares y Vladimir Sersa, unidos en torno a «El Grupo», recorren el país y bajo una óptica documental registran la realidad social de los pueblos del interior de Venezuela. Otros fotógrafos como Federico Fernández, Félix Molina, Carlos Germán Rojas, Gorka Dorronsoro, Roberto Fontana, realizan una obra significativa dentro de la fotografía documental. En estos años un fotógrafo-artista como Claudio Perna, se aleja de las prácticas documentales con contenido social y realiza una fotografía más orientada al conceptualismo, mientras José Sígala entre otros temas, retrata a la alta burguesía caraqueña. En esta década se inicia el apoyo estatal y privado a la fotografía: el Instituto Autónomo Biblioteca Nacional impulsa, promueve y colecciona la fotografía venezolana y latinoamericana formando una de las colecciones más importantes del país. La Fundación para el Rescate del Acervo Documental Venezolano (FUNRES), organiza la primera investigación sistemática con carácter institucional de la fotografía venezolana decimonónica vertida en la muestra Con la Fuerza y la Verdad de la Luz de los Cielos organizada en la Galería de Arte Nacional. En 1977 abre Fototeca la primera galería dedicada a la fotografía bajo la dirección de María Teresa Boulton y de Paolo Gasparini y en 1979 se forma el Consejo Venezolano de Fotografía, que agrupa a un representativo número de fotógrafos activos del país. Este apoyo institucional a la fotografía se hace más notorio en la década de 1980.

En 1983, la Dirección de Cine y Fotografía del Consejo Nacional de la Cultura (CONAC) crea los premios de fotografía «Luis Felipe Toro», un año más tarde bajo los auspicios de esta misma dependencia, sale a la luz pública la revista de cine y fotografía Encuadre. Las salas CADAFE e IPOSTEL, extensiones del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, inaugura a mediados de la década el I Salón de la Joven Fotografía. FUNDARTE en 1985 crea la galería «El Daguerrotipo» e inaugura en 1987 el I Salón Nacional de Fotografía, mientras el Ateneo de Caracas estrena la sala «La Fotografía». Asimismo en 1986 se organiza el I Simposio Nacional de Fotografía en los espacios de la Universidad Simón Bolívar. La década de 1980 registra la existencia simultánea de 2 tendencias dentro de la fotografía considerada como arte. La fotografía documental, cuya presencia hegemónica comienza a decaer a fines del decenio a pesar de nuevos cultores como Ricardo Gómez Pérez, Ricardo Jiménez, Luis Lares, entre otros, y el surgimiento de una fotografía construida y escenográfica ligada a los lenguajes de la pintura o fusionada a nuevos medios tecnológicos como sucede en la obra de Nelson Garrido, Premio Nacional de Artes Plásticas 1991, Alexander Apóstol, Ricardo Alcaide y toda una nueva generación de jóvenes fotógrafos. Si en la década anterior el género documental se mantiene adscrito a una actitud de denuncia social y política, en la década de 1980 se abre a nuevos discursos más individuales y subjetivos al momento de afrontar la realidad.

En 1982, un grupo de 22 fotógrafos de ambas tendencias entre los cuales destacaron Isidro Núñez, Abel Naim, Alejandro Toro, Rommel García, Orlando Hernández, Álvaro García Castro, crearon el grupo «Mientras Tanto», que organizó la muestra colectiva itinerante «22» que recorrió las principales ciudades del país durante 3 años (1983-1985), con recursos propios. Poco después Jorge Gutiérrez, Milvia Villamizar, Rommel García, Hernán Villar y Huáscar Castillo crean «El Taller de la Imagen», agrupación que estimula el intercambio de trabajos entre los fotógrafos y promueve exposiciones, discusiones, conferencias y simposios.

En foto reporterismo la presencia de Luigi Scotto en El Diario de Caracas (1979-1995) y la importancia que se le daba a la fotografía en sus páginas, constituyeron una innovación en el fotoperiodismo venezolano durante esa década. Francisco Solórzano «Frasso» y Tom Grillo, internacionalmente conocidos por sus imágenes del 27 de febrero de 1989, pertenecen a una generación de relevo dentro de la fotografía de prensa en el país. En estos últimos años la fotografía venezolana prosigue con su proceso de institucionalización. El Consejo Nacional de la Cultura crea el Premio Nacional de Fotografía.

En 1990 el Museo de Bellas Artes inaugura la primera curaduría de fotografía en el país bajo la dirección de Josune Dorronsoro. Esta iniciativa ha impulsado a otras instituciones museísticas a cuidar y divulgar sus propias colecciones fotográficas.

Premio Nacional de Fotografía de Venezuela es un galardón anual entregado a diversos artistas que elaboren o capturen imágenes artísticas, simbólicas o representativas usando como instrumento una cámara fotográfica. Es uno de los Premios Nacionales de Cultura.

Su galardón se entrega continuamente desde 1990. La concesión del premio se hizo anualmente desde su primera edición hasta 2001, cuando tomó una frecuencia bienal. Una excepción a esta regla fue la del 2003, cuando se esperó tres años para conferir el siguiente premio, y luego retornar a su entrega bienal:

1990 José Sígala
1991 Alfredo Boulton
1992 Fina Gómez Revenga
1993 Paolo Gasparini
1994 Bárbara Brandli; Claudio Perna
1995 Federico Fernández
1996 Luis Brito
1997 Ricardo Armas
1998 Sebastián Garrido
1999 José Sarda
2000 Antolín Sánchez Lancho
2001 Desierto
2003 Thea Segall
2006 Miguel Gracia
2008 José Joaquín Castro
2010 Joaquín Cortés
2012 Audio Cepeda

María Teresa Boulton publica la primera historia sobre la fotografía contemporánea en Venezuela Anotaciones sobre la fotografía venezolana contemporánea (1990).

En 1993 se organiza en Caracas el Encuentro de Fotografía Latinoamericana y en 1994, bajo los auspicios del CONAC, se crea la revista de fotografía Extracámara.


Sin embargo pese a estas importantes manifestaciones de apoyo, el gran problema para la fotografía de autor en Venezuela sigue siendo la inexistencia de un mercado que permita que los fotógrafos puedan vivir de sus producciones.